LA SALUD PÙBLICA Y LAS FUERZAS ARMADAS REVOLUCIONARIAS DE COLOMBIA FARC (2008)
Dr. Pedro L. Castellanos
"Un mundo mejor es posible"
IDESARROLLO. República Dominicana
"Un mundo mejor es posible"
IDESARROLLO. República Dominicana
Enero 2008
Les comparto este mensaje que envié a una red (de no especialistas en Epidemiología) como respuesta a algunas solicitudes:
Desde mi perspectiva de médico especialista en Epidemiología me ha llamado la atención lo que parecería ser el buen estado de salud de las dos damas liberadas por las FARC. Obviamente solo podrían hablar con propiedad quienes participen en la evaluación médico psicológica de ambas, pero por lo que se ha visto en la TV y lo que me ha llegado como comentarios, parecerían estar en muy buenas condiciones.
Se trata de dos mujeres adultas, provenientes de medios urbanos y de sectores sociales de clase media y alta, una de ellas cercana a los 60 años de edad, con afecciones prexistentes de salud y otra en los 40 años, que estuvieron por 6 años en zonas selváticas en las que se conoce de la existencia y transmisión de muchas enfermedades tropicales, entre ellas Malaria, Fiebre Amarilla, Leishmaniasis, Chagas, Oncocercosis, varios virus selváticos altamente virulentos, probablemente Peste Bubónica y seguramente otras mas conocidas como la Tuberculosis, Amebiasis, y diarreas y enfermedades respiiratorias agudas. Por 6 años estuvieron sometidas a las limitadas condiciones de vida de contingentes guerrilleros en una situación de guerra activa. A una de ellas le fue practicada una cesárea en un campamento en la selva hace tres años. Además, según sus declaraciones a la prensa, en las últimas semanas debieron caminar durante varias horas cada día para cambiar la ubicación geográfica, por razones de seguridad. Esto significa una capacidad de ejercicio físico de mediana o alta intensidad..
No les he notado en los rostros y manos cicatrices por picaduras de insectos infectadas, ni de leishmaniasis, no parecerían tener discapacidad física que pudiera hablar de secuelas de traumatismos mal atendidos, se notan muy bien nutridas, no evidencian depresión, mantienen discursos coherentes y expresan reacciones emocionales adecuadas a las circunstancias y a su cultura.
Igualmente observé que los(as) combatientes de las FARC (los pocos que se veían en la TV) que las entregaron a la misión de rescate, parecían estar bien nutridos, bien vestidos y en buenas condiciones físicas y mentales, pero esto no me llamó tanto la atención, hasta no apreciar mejor a las dos damas liberadas, porque los guerrilleros podrían haber sido cuidadosamente selecionados( as) para esa delicada misión.
Si estas presunciones se confirmaran por los exámenes médicos y epidemiológicos a las dos prisioneras liberadas, y por lo que ellas puedan relatar sobre la vida cotidiana en su cautiverio, parecería mostrar la existencia de una infraestructura sanitaria fuerte y capaz dentro de las FARC y con normativas e intervenciones de prevención y atención de salud bastante rigurosas y efectivas. Esto no me sorprendería en un contingente de combatientes irregulares tan grande ( en algunos momentos se ha estimado en alrededor de 20,000 y actualmente se ha estimado en por lo menos 12 a 15 mil conbatientes) que por 50 años ha mantenido su actividad en territorios sanitariamente tan inhospitos.
Cuando en 1991-92 (si no recuerdo mal las fechas) me tocó participar, como funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), al frente de un equipo internacional de especialistas en diferentes campos de la salud, para apoyar técnicamente la desmovilizació n del FMLN, me encontré con una excelente situación de salud física y mental, incluso odontológica, de la casi totalidad de los varios miles de combatientes desmovilizados concentrados en los campamentos de transición, y que entre ellos había conocimientos y hábitos, muy específicos y disciplinadamente cumplidos, de prevención de las enfermedades mas comunes en ese país. Incluyendo esquemas de vacunación de la infancia y adultos, manejo sanitario del agua, los alimentos, las excretas y los residuos sólidos, aseo personal, evaluaciones sanitarias periódicas, consumo regular de medicamentos, etc.
Aunque actuaban con mucha discreción, me pareció que existía una organización sanitaria operando al interior de la estructura organizativa de la unidades de combatientes y que tenía alta jerarquía y prioridad. Unos 8 a 10 años después conocí algunos de los especialistas en Salud Pública y Epidemiología que participaron en el FMLN cuando era una organización militar y me impresionó favorablemente su capacidad científico técnica, su sentido de compromiso social y su disciplina personal de trabajo. Entonces ya trabajaban incorporados en algunas posiciones universitarias o en el sistema oficial de salud del país a nivel nacional o municipal.
Me alegró constatar que algunos de los acuerdos básicos que nos tocó apoyar y supervisar en aquella compleja operación para la desmovilizació n, habían dado resultados en la reincorporació n de combatientes guerrilleros a la vida civil y la activiad política. Para entonces seguían siendo militantes del FMLN (en su mayoría, no todos), pero apostaban por la vía de la confrontación política democrática.
Durante la desmovilizació n del FMLN, algunos de sus dirigentes me relataron además (no los vi) que disponían de instalaciones hospitalarias móviles con capacidad médico quirúrgica, ginecoobstétrica, pediátrica y traumatológica, además de programas preventivos y de atención médica de cobertura y acceso universal para sus militantes y las poblaciones que les servían como base social, y que disponían de mapas de riesgo epidemiológico que pondrían a disposición de las autoridades sanitarias nacionales. También me informaron que el FMLN había planteado como condición de alta prioridad para el proceso de desmovilizació n "el aseguramiento médico sanitario"
de sus contingentes hasta su incorporación a la vida civil. Desde entonces me hice la idea de que para los ejércitos irregulares el tema de salud tiene una alta relevancia.
Si el FMLN pudo disponer de este nivel de organización sanitaria en El Salvador, un país mas pequeño que Haití, densamente poblado y con muy poca área selvática, me puedo imaginar lo que podría haberse llagado a desarrollar en un país como Colombia, con mas de 2 millones de Kilómetros cuadrados, con muy extensas y densas áreas selváticas y donde el 40% del territorio nacional ha estado fuera del control del Estado y de las fuerzas militares regulares del país, durante mas de 50 años de presencia militar irregular.
Me pregunto si en Colombia la salud podría llegar a ser, como en Centroamérica, un "puente para la paz". Recuerdo que en El Salvador, Nicaragua y Guatemala, en los años 80, una de las primeras acciones de cese al fuego bilateral, fue un acuerdo entre todas las fuerzas beligerantes y los gobiernos de todos los países centromaericanos, promovido por la OPS y OMS y algunos países de la Unión Europea, para realizar conjuntamente (Gobiernos y guerrilleros) una jornada de vacunación infantil simultánea de toda la población durante tres días (parte de la operación "salud: un puente para la paz"). Se necesitaron varios años de contactos y de organización para logarlo y, aunque después se reanudaron las hostilidades, resultó una de las jornadas de vacunación mas exitosas en esos paises, pero sobre todo marcó un hito de confianza y reconocimiento mutuo que fue fundamental para los desarrollos posteriores que condujeron a la paz y la reconciliación en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.
Desde mi perspectiva de médico especialista en Epidemiología me ha llamado la atención lo que parecería ser el buen estado de salud de las dos damas liberadas por las FARC. Obviamente solo podrían hablar con propiedad quienes participen en la evaluación médico psicológica de ambas, pero por lo que se ha visto en la TV y lo que me ha llegado como comentarios, parecerían estar en muy buenas condiciones.
Se trata de dos mujeres adultas, provenientes de medios urbanos y de sectores sociales de clase media y alta, una de ellas cercana a los 60 años de edad, con afecciones prexistentes de salud y otra en los 40 años, que estuvieron por 6 años en zonas selváticas en las que se conoce de la existencia y transmisión de muchas enfermedades tropicales, entre ellas Malaria, Fiebre Amarilla, Leishmaniasis, Chagas, Oncocercosis, varios virus selváticos altamente virulentos, probablemente Peste Bubónica y seguramente otras mas conocidas como la Tuberculosis, Amebiasis, y diarreas y enfermedades respiiratorias agudas. Por 6 años estuvieron sometidas a las limitadas condiciones de vida de contingentes guerrilleros en una situación de guerra activa. A una de ellas le fue practicada una cesárea en un campamento en la selva hace tres años. Además, según sus declaraciones a la prensa, en las últimas semanas debieron caminar durante varias horas cada día para cambiar la ubicación geográfica, por razones de seguridad. Esto significa una capacidad de ejercicio físico de mediana o alta intensidad..
No les he notado en los rostros y manos cicatrices por picaduras de insectos infectadas, ni de leishmaniasis, no parecerían tener discapacidad física que pudiera hablar de secuelas de traumatismos mal atendidos, se notan muy bien nutridas, no evidencian depresión, mantienen discursos coherentes y expresan reacciones emocionales adecuadas a las circunstancias y a su cultura.
Igualmente observé que los(as) combatientes de las FARC (los pocos que se veían en la TV) que las entregaron a la misión de rescate, parecían estar bien nutridos, bien vestidos y en buenas condiciones físicas y mentales, pero esto no me llamó tanto la atención, hasta no apreciar mejor a las dos damas liberadas, porque los guerrilleros podrían haber sido cuidadosamente selecionados( as) para esa delicada misión.
Si estas presunciones se confirmaran por los exámenes médicos y epidemiológicos a las dos prisioneras liberadas, y por lo que ellas puedan relatar sobre la vida cotidiana en su cautiverio, parecería mostrar la existencia de una infraestructura sanitaria fuerte y capaz dentro de las FARC y con normativas e intervenciones de prevención y atención de salud bastante rigurosas y efectivas. Esto no me sorprendería en un contingente de combatientes irregulares tan grande ( en algunos momentos se ha estimado en alrededor de 20,000 y actualmente se ha estimado en por lo menos 12 a 15 mil conbatientes) que por 50 años ha mantenido su actividad en territorios sanitariamente tan inhospitos.
Cuando en 1991-92 (si no recuerdo mal las fechas) me tocó participar, como funcionario de la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), al frente de un equipo internacional de especialistas en diferentes campos de la salud, para apoyar técnicamente la desmovilizació n del FMLN, me encontré con una excelente situación de salud física y mental, incluso odontológica, de la casi totalidad de los varios miles de combatientes desmovilizados concentrados en los campamentos de transición, y que entre ellos había conocimientos y hábitos, muy específicos y disciplinadamente cumplidos, de prevención de las enfermedades mas comunes en ese país. Incluyendo esquemas de vacunación de la infancia y adultos, manejo sanitario del agua, los alimentos, las excretas y los residuos sólidos, aseo personal, evaluaciones sanitarias periódicas, consumo regular de medicamentos, etc.
Aunque actuaban con mucha discreción, me pareció que existía una organización sanitaria operando al interior de la estructura organizativa de la unidades de combatientes y que tenía alta jerarquía y prioridad. Unos 8 a 10 años después conocí algunos de los especialistas en Salud Pública y Epidemiología que participaron en el FMLN cuando era una organización militar y me impresionó favorablemente su capacidad científico técnica, su sentido de compromiso social y su disciplina personal de trabajo. Entonces ya trabajaban incorporados en algunas posiciones universitarias o en el sistema oficial de salud del país a nivel nacional o municipal.
Me alegró constatar que algunos de los acuerdos básicos que nos tocó apoyar y supervisar en aquella compleja operación para la desmovilizació n, habían dado resultados en la reincorporació n de combatientes guerrilleros a la vida civil y la activiad política. Para entonces seguían siendo militantes del FMLN (en su mayoría, no todos), pero apostaban por la vía de la confrontación política democrática.
Durante la desmovilizació n del FMLN, algunos de sus dirigentes me relataron además (no los vi) que disponían de instalaciones hospitalarias móviles con capacidad médico quirúrgica, ginecoobstétrica, pediátrica y traumatológica, además de programas preventivos y de atención médica de cobertura y acceso universal para sus militantes y las poblaciones que les servían como base social, y que disponían de mapas de riesgo epidemiológico que pondrían a disposición de las autoridades sanitarias nacionales. También me informaron que el FMLN había planteado como condición de alta prioridad para el proceso de desmovilizació n "el aseguramiento médico sanitario"
de sus contingentes hasta su incorporación a la vida civil. Desde entonces me hice la idea de que para los ejércitos irregulares el tema de salud tiene una alta relevancia.
Si el FMLN pudo disponer de este nivel de organización sanitaria en El Salvador, un país mas pequeño que Haití, densamente poblado y con muy poca área selvática, me puedo imaginar lo que podría haberse llagado a desarrollar en un país como Colombia, con mas de 2 millones de Kilómetros cuadrados, con muy extensas y densas áreas selváticas y donde el 40% del territorio nacional ha estado fuera del control del Estado y de las fuerzas militares regulares del país, durante mas de 50 años de presencia militar irregular.
Me pregunto si en Colombia la salud podría llegar a ser, como en Centroamérica, un "puente para la paz". Recuerdo que en El Salvador, Nicaragua y Guatemala, en los años 80, una de las primeras acciones de cese al fuego bilateral, fue un acuerdo entre todas las fuerzas beligerantes y los gobiernos de todos los países centromaericanos, promovido por la OPS y OMS y algunos países de la Unión Europea, para realizar conjuntamente (Gobiernos y guerrilleros) una jornada de vacunación infantil simultánea de toda la población durante tres días (parte de la operación "salud: un puente para la paz"). Se necesitaron varios años de contactos y de organización para logarlo y, aunque después se reanudaron las hostilidades, resultó una de las jornadas de vacunación mas exitosas en esos paises, pero sobre todo marcó un hito de confianza y reconocimiento mutuo que fue fundamental para los desarrollos posteriores que condujeron a la paz y la reconciliación en El Salvador, Guatemala y Nicaragua.
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