¿EXPROPIANDO LA SALUD?
LUIS VICENTE LEÓN | EL UNIVERSAL
Domingo 10 de octubre de 2010 12:00 AM
Pensaba que ya había sido testigo de suficientes decisiones desacertadas, hasta que leí el anuncio sobre un diseño de acciones para controlar y regular al sector de salud privada en Venezuela.
Mi impresión no tiene nada que ver con solidaridades automáticas. Mis críticas al sistema privado de salud han sido públicas. La limitación de inversiones en el sector y la falta de competencia han generado lógicas distorsiones que se reflejan en los altos precios en clínicas y en el colapso de la infraestructura existente, que va desde salas de emergencia desbordadas de gente en espera de atención, unos ascensores con capacidad inferior al volumen de "pacientes" (nunca más adecuado el nombre) y habitaciones más llenas que piezas de la carretera Pa-namericana el día de los enamorados, con la diferencia de que en éstas últimas la rotación es alta, mientras que en las primeras la cosa puede durar semanas antes de conseguir una cama.
Pero la respuesta a este problema es exactamente la contraria a la planteada en esa nota.
Primero que todo, es chocante aparecer frente a la comunidad "preocupados" por resolver el tema de la salud privada, cuando la calidad de la salud pública, que es su responsabilidad clara y evidente, es incomparable e infinitamente peor. Aun con las dificultades antes descritas, el sistema privado sigue siendo la única alternativa moderna de salud en Venezuela, por lo que resulta inaceptable hacer un show populista con lo privado mientras callan frente al desastre de la salud pública, el deterioro de la infraestructura hospitalaria, el maltrato laboral y salarial al cuerpo médico, la emigración masiva de jóvenes galenos y el abandono de módulos de Barrio Adentro, con los que intentaron palear su incapacidad para armar una red de servicio de salud eficiente para las mayorías. Interesante modelo este que plantea que un Estado, incapaz de prestar un servicio público, concentre sus esfuerzos en destruir el privado que aún existe.
En segundo término, el problema de restricción de oferta de salud privada es, a su vez, una consecuencia del problema público. Al no funcionar la oferta estatal, la demanda se desvía hacia el privado. Hay un elemento evidente: los venezolanos que tienen cualquier oportunidad de ir a una clínica (incluyendo empleados públicos cubiertos por pólizas HCM) lo prefieren sin pestañear, lo que indica que el privado es infinitamente mejor que el público. Entonces ¿de quién preocuparse primero?
También cabe preguntarse ¿cuál será la razón por la que la oferta de servicios privados no ha crecido al ritmo de su demanda? Parece obvio que se refiere a un problema de capital financiero y humano. En ambos casos, la causa regresa al Gobierno. Las inversiones no acompañan la demanda porque los inversionistas temen que sus recursos sean expropiados o sus precios y honorarios fijados a niveles que hagan imposible su sostenimiento y reposición. Lo mismo ocurre con los médicos recién graduados, cuya mayoría se ve obligado a buscar alternativas foráneas que respeten su condición profesional y sus oportunidades de crecimiento futuro.
¿Qué puede expropiar el Estado a la salud privada? Será la infraestructura y los equipos que, por cierto, se vuelven obsoletos al ritmo de la evolución informática. Pero no puede expropiar médicos, conocimientos, investigación, desarrollo ni motivación.
La pregunta que deben responder los hacedores de política pública es ¿dónde piensan llevar a sus hijos mañana después de haber destruido lo que aún queda de salud?
Pana, Cuba, Miami o Bogotá están como lejos para llevar a nuestros hijos en caso de una emergencia... y eso no discrimina entre chavistas, opositores o NiNis.
luisvicenteleon@gmail.com
@luisvicenteleon
/image%2F1093887%2F20190102%2Fob_fdb6a2_g6xe6c-c-400x400-1.jpg)