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LA INVESTIGACIÓN MUNDIAL EN SALUD: UNA BRECHA ENTRE LOS POLÍTICOS Y LOS INVESTIGADORES.

Publicado en por Maiqui Flores

Maiqui Flores
Octubre 2009

             En 1998, la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial y la Fundación Rockefeller, preocupados por la situación sanitaria mundial y con el apoyo inicial de seis países (Canadá, Suecia, Noruega, Suiza, Irlanda y México) crearon en Ginebra el Fondo Global para la Investigación en Salud como una fundación independiente dirigida a promover la investigación en salud en todo el mundo. La fundación dirigida actualmente por un Concejo internacional, considera que si se quiere mejorar la salud mundial se requiere mucha más investigación, y a éste respecto propone generar cambios en los criterios de priorización que hoy se aplica para asignar los recursos en salud, salud que actualmente están descuidadas y fortalecer la investigación en aquellos problemas que más aportan a la carga de la enfermedad y la discapacidad.

            La iniciativa de crear el Foro Global fue el resultado de los análisis realizados por los organismos internacionales a fines de los 90 que mostraron un panorama precario en materia de la investigación en salud. Para el año 2000 los fondos destinados a investigar las políticas y los sistemas de salud eran francamente exiguos y representaban menos del 0,02% del gasto en salud. El problema no se reducía a una financiación insuficiente pues la asignación de los recursos mostraba serias asimetrías reflejando el interés particular de las agencias que financian las investigaciones. Para esta época, los estudios del Foro Global ponían de manifiesto que de los 73 mil millones de USD invertidos anualmente en la investigación en salud al nivel mundial, por parte de los sectores públicos y privados, el 90% se destinaba a resolver problemas en los países desarrollados y menos del 10% a la investigación de los problemas de salud que representan el 90% de la carga mundial de las enfermedades (medios en DALYs), principalmente en países en desarrollo. Los trabajos preparatorios de la Comisión en materia de investigación para el desarrollo pusieron de relieve dicha diferencia, y la denominaron “brecha 10/90”. Esta brecha implica que las enfermedades de alta frecuencia en el mundo, responsables de la mayor carga de la enfermedad y discapacidad, como las infecciones respiratorias, la enfermedad diarreica, las enfermedades cardiovasculares, la salud mental, la tuberculosis, las enfermedades tropicales, las condiciones peri-natales y el VIH/SIDA, reciben relativamente poca atención por parte de las investigaciones.

               Cuatro enfermedades (Leishmaniasis, malaria, tripanosomiasis y tuberculosis) que representan más del 5% de la carga total de las enfermedades en el mundo, reciben paradójicamente menos del 1% de los fondos destinados a investigación. La brecha 10/90 se acompaña también de otros desbalances. Los estudios promovidos en los últimos años por la OMS y el Foro Global muestran que las prioridades en investigación en salud se formulan tradicionalmente en términos de enfermedades y tecnología biomédica y no sobre los determinantes de la salud. Más del 70% de los recursos destinados a investigación se derivan a estudios en medicamentos y tecnología médica mientras el 30% restante se destina a investigación básica y al soporte y evaluación de políticas sanitarias.

                 En éste ultimo campo se observa en los últimos años un aumento en la cantidad y calidad de los estudios sobre relaciones entre la salud de las poblaciones, las desigualdades en las condiciones de vida y el grado de desarrollo. El incremento en el número de investigaciones también se ha dado en relación con los sistemas en los servicios de salud, que pasaron del 0,27% de las publicaciones indexadas en Medline en 1991 al 0,71% en 2000. Sin embargo, esta proporción continua siendo extremadamente baja y se concentra en los países industrializados expresando una inequidad mayor aún que la brecha 10/90. Un estudio que se realizó para la red en 2003 encontró un aumento brusco de las publicaciones relacionadas con políticas y sistemas de salud, notorio desde el comienzo de los 90 y asociado con el tema de las reformas, que disminuye de nuevo a partir de 2000. El análisis de esta tendencia mostró adicionalmente que los intereses de las revistas y editoriales son muy heterogéneos y pudieran estar reflejando los cambios políticos más que incidiendo en ellos. Mostró también que la producción indexada relacionada con las políticas sanitarias se difunde principalmente en publicaciones de tipo biomédico dirigidas a profesionales clínicos y predominante en lengua inglesa. En las condiciones descritas, pede argumentarse que la información publicada por los científicos difícilmente llega a quienes toman las decisiones.

                   El aumento en los estudios interesados por las políticas y los sistemas de salud no han sido homogéneo. Los estudios de la década de los 70 se interesaron especialmente por el problema de las coberturas. A partir de 1978, bajo la influencia de la declaración del Alma Ata y la importancia que esta conferencia concedía a la investigación, hubo un resurgimiento de las publicaciones interesadas en los sistemas de servicios de salud y su financiación. Desde 1987, y bajo la influencia del Banco Mundial, el interés de las investigaciones se centró en las reforma, la organización de los servicios y su financiación. Llama la atención el escaso interés de las publicaciones por los asuntos de equidad, los determinantes de la salud y los derechos sociales en éste campo.

                   La brecha en la gestión social del conocimiento se expande también a la disponibilidad de recursos para la investigación. Los países industrializados cuentan con casi tres veces más investigadores que los países pobres, hacen más inversión propia en investigación, tienen seis veces más computadoras por institución, están mejor conectados a la WEB y generan un mayor numero de publicaciones por año en relación con los sistemas de salud, y aunque los países pobres han aumentado su producción la brecha sigue siendo muy amplia. El Foro Global muestra que existe inequidad en el conocimiento que se publica, cuando más del 90% de las publicaciones de investigación en salud provienen de investigadores de países centrales (primer mundo). La brecha 10/90 y el conjunto de inequidades que la rodean, constituyen por si mismas una seria preocupación que debería mover a nuestros gobernantes hacia otras formas de conducir la investigación. Sin embargo el problema no es sólo del ámbito político y una pregunta que se debe hacer desde la academia en relación a la investigación, es hasta dónde podemos confiar en que los estudios y conocimientos que generamos inciden de alguna manera en las decisiones políticas que afectan la salud. En otras palabras, quienes trabajan desde la academia deberían preguntarse seriamente...¿sirven para algo las investigaciones?

                    Los analistas de política aceptan con cautela la capacidad de las investigaciones para influenciar las políticas públicas, por considerar que éstas últimas son el resultado de procesos complejos de interacción política, donde la lógica académica y la evidencia científica sucumben ante la fuerza de los intereses predominantes en la organización social, y que su formulación y aplicación obedecen más a procesos de conflicto y negociación entre grupos con intereses diferentes, que a criterios de tipo técnico o científico. Adicionalmente, los mismos artífices pueden serlo sin ser consciente de ello, ni sentirse obligados a tener en cuenta las investigaciones al momento de tomar sus decisiones. Aquellos analistas que confían en la influencia de la investigación sobre el proceso político, consideran que el valor de los estudios pudiera relacionarse con su capacidad para facilitar y racionalizar la toma de decisiones, y generar cambios socialmente benéficos, y llama la atención sobre la necesidad de fortalecer la investigación al interior del proceso de gestión de las políticas.

                    Los trabajos de Bronfman han puesto en evidencia que entre la investigación y la toma de decisiones existe otra brecha, compleja y difícil de salvar, e identifican varios aspectos que juegan un papel fundamental como factores críticos de éxito. Para Bronfman, el tema central de las investigaciones influye de manera importante en su uso potencial, y el interés de los investigadores por aproximar sus preguntas de investigación a las necesidades prioritarias y a la agenda política, contribuyen al aprovechamiento de los estudios. De esta observación se desprende que los investigadores pueden contribuir a mejorar el valor y la importancia de sus estudios en la medida en que se interesen más por los problemas prioritarios para la gente y los adopten como objeto de su análisis.

                    Otro factor crítico del éxito de las investigaciones se refiere a los métodos utilizados por los investigadores para realizar y presentar sus estudios. A menudo el lenguaje y las técnicas utilizadas por los académicos para dar cuenta de sus hallazgos son extremadamente complejos para la gente y con frecuencia ininteligibles para los políticos y tomadores de decisiones. Los investigadores investigan más para publicar en revistas extranjeras que para las personas afectadas por los problemas estudiados. A éste respecto ya se ha descrito que privilegiar el rigor metodológico, e insistir en separar la investigación del proceso político, son prácticas que pueden bloquear más que contribuir al desarrollo de la investigación en políticas públicas. Lo anterior no implica que se descuide la rigurosidad de los métodos, pues también este es un factor crítico de éxito para los estudios, máxime cuando en contextos controversiales los intereses contrarios al estudio se encargaran de desacreditarlo; en éste caso el argumento técnico debe ser aun más contundente, pues no solo se enfrentará con la contra-argumentación de los científicos sino también de los políticos y los medios.

                    Un último factor critico que se debe someter a consideración se refiere a los mutuos estereotipos que existen entre los investigadores y los políticos, un caso que ha sido bien estudiado por Bronfman y su grupo. Los investigadores suelen ver a los políticos como seres esencialmente corruptos, incapaces de comprender los argumentos de la ciencia y por lo mismo seres de segunda; la política, por su parte se asume como una actividad turbia en la que un científico serio no debe involucrarse. Desde su propia frontera, los políticos suelen percibir a los científicos como personas extremadamente rígidas, incapaces de ajustarse al mundo real, que dan respuestas a preguntas que nadie les ha pedido y ofrecen resultados cuando ya el problema se ha resuelto. La ciencia, por su parte, se percibe como un lenguaje incomprensible cada vez más lejano a los problemas reales de la sociedad. En éste contexto de distanciamiento y mutua desconfianza es bien difícil que investigadores y tomadores de decisiones lleguen a acuerdos socialmente productivos. Los factores analizados ayudan a comprender por qué se debe tener una actitud realista frente al asunto. Las investigaciones pueden ayudar a mejorar las políticas pero lograrlo no será fácil.

REFERENCIA BIBLIOGRAFICA ·

Mario Roreve. Gestión de Calidad de los Postgrados en Salud Pública: adecuación critica en un mundo de cambio OPS Washington (2004). ·

José Daniel González y Col. Retos de la investigación en salud Pública hoy. IAESP Maracay Venezuela 2007 ·

Carles Munaner. Aprender a a mirar la salud .IAESP Maracay Venezuela 2005
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