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EL FILÓSOFO; UNA LUCIERNAGA EN LA OSCURIDAD.

Publicado en por LUIS VALERA P.

HASTA PRONTO ERNESTO

HASTA PRONTO ERNESTO

Por Luis Valera Pirela[1


[1] Docente Investigador I del IAE “Dr. Arnoldo Gabaldon”, Profesor Titular Jubilado Activo del Departamento de Salud Pública de la Escuela “Witremundo Torrealba” de la Universidad de Carabobo- Núcleo Aragua.

 

Del entorno nadie sabe cómo llegó, pero se apareció en el justo tiempo para participar en el Concurso para proveer dos cargos como Docente Investigador I, en el Área de Participación Comunitaria,  en el Instituto de Altos Estudios “Arnoldo Gabaldon”, debió de haberse informado de la existencia del mismo, por la única forma posible, por la vía del Internet. Consignó sus credenciales como todos los mortales el 26 de febrero de 2010, posiblemente con un total desconocimiento de la Institución y de su contexto.

En el proceso del Concurso, se camufló o mimetizó de tal manera que nadie lo recuerda, pero con toda seguridad estuvo presente, ya que el respetable, ecuánime e imparcial jurado lo dio como ganador. En la página web donde se anunciaban los ganadores, aparecieron dos número de Cédula, uno  muy alto que no encajaban con los participantes  locales y un  número de Cédula más chico, que era de quien escribe.

El numero más grande 22.633.484 correspondía al Médico, Gustavo Ernesto Jaime, colombiano de nacimiento en el Departamento de Boyacá, tierra gloriosa de la gesta emancipadora y venezolano por naturalización, residente de la Ciudad de la Cordialidad, San Cristóbal, estado Táchira.

Así, Ernesto, como lo llamábamos, ingresó al Instituto como Docente Investigador I, para un periodo de prueba de tres meses, contados a partir del 1° de mayo; dentro del programa de Formación le tocó presentar el tema sobre la  Educación Popular  a finales de junio, donde demostró un conocimiento profundo y acabado del pensamiento del brasileño Paulo Freire.

Asumió sus funciones docentes en el área de participación ciudadana, con los ganadores del Concurso, Luis Valera, Nelisa Miquelena, Juan Quintana y con el grupo de facilitadores de la Escuela de Nueva Ciudadanía, encabezados por Ángel Custodio Castillo, logrando estructurar un excelente, amigable y competente grupo de trabajo.

Con este grupo hemos recorrido gran parte de la geografía nacional, habitualmente en pareja, dictando los componentes de Participación y Ciudadanía del Postgrado de Salud Pública, del Postgrado de Epidemiología y las actividades docentes que se generan en la Escuela de Nueva Ciudadanía.

El Profesor Ernesto Jaime estuvo una excelente formación y trayectoria en el quinquenio anterior a su ingreso al IAE “Dr. Arnoldo Gabaldon”,  en la Universidad Bolivariana de Venezuela en el estado Táchira, donde trabajó con la Misión Sucre en la formación de numerosos colectivos tanto académicos como comunales, de tal manera, que se hizo un experto en todo el tema de la participación comunitaria y el rico bagaje legal que la Revolución Bolivariana produjo; conocedor al dedillo de los consejos comunales, de la economía comunal, de la contraloría social, de las comunas, de la gestión social y de  la organización del poder popular.

En los encuentros docentes con los participantes de los postgrados del IAE “Dr. Arnoldo Gabaldon”,  sus sabias palabras pronunciadas en forma enfática, impregnadas de la energía de quien cree en lo que dice, y con el agitar de sus largas manos y una gesticulación vivificante, incitante, provocadora, lograba que todo el auditorio lo acompañara con una aprobación de quien está en lo cierto.

Así era su actitud en todos los actos, eventos, donde asistía, sus intervenciones a veces largas, estaban llenas de sustentaciones, sin supuestos y sus propuestas eran lógicas, actualizadas,  acuciosas y a veces vehementes.

Era un ciudadano preparado, las circunstancias de la vida lo llevaron a Belo Horizonte, Brasil, donde se inscribió para estudiar Medicina en la Universidad Federal de Minas Gerais, allí obtuvo el grado de Médico, el dos de julio de 1979. Su permanencia en Brasil fue un espacio y tiempo para su temple y su formación ideológica, su admiración por Tancredo Nieves, opositor del militarismo reinante y Gobernador de Minas Gerais lo distanció del pensamiento liberal. Vivir en una ciudad con más de cuatro millones de habitantes, cuando se ha crecido en la pueblerina y antiquísima Tunja, son los retos de la vida para la forja. Con Brasilia, Rio de Janeiro y Sao Paulo a cortas distancia lo hizo un caminador turista experimentado y su deseo de conocer mundo lo llevó hasta la Amazonía brasileña.

Al terminar su carrera de médico regresó a su patria para aportar los conocimientos aprendidos; en Soatá, Departamento de Boyacá, lo esperaba su madre Doña Mercedes Jaime, donde había nacido el  6 de noviembre de 1951, precisamente allí comenzó como Médico Rural donde permaneció por más de cinco años,  luego comenzó su periplo por todo el Departamento de Boyacá, Medico Director del Hospital de Ramiriqui, médico del Hospital Sagrado  Corazón de Jesús de Soacha, del Hospital Senén Arenas de Sativanorte,  del Hospital San Salvador de Chiquinquirá,  del Hospital de San Rafael de Tunja, medico epidemiólogo, médico legista,  de la Dirección Departamental de Salud de Boyacá, hasta ocupar el cargo de Sub-Secretario de Gobierno por tres meses y ser Diputado a la Asamblea de Boyacá en el periodo 1990-1992.

Durante este peregrinaje se graduó de Especialista en Administración Pública en Escuela Superior de Administración Pública del  Ministerio de Educación Nacional de Colombia, en Santa Fe de Bogotá 1979; el 3 de octubre de 1983 revalida su título de médico; en el 1996  en la Facultad Nacional de Salud Publica “Héctor Abad Gómez” de la Universidad de Antioquia obtiene el Diplomado en Seguridad Social, regresa en 1997 a la Universidad de Antioquia, de Medellín, para obtener el 18 de septiembre 1998 el titulo de Magister en Salud Pública.

A finales del siglo pasado se traslada a la frontera, para ver de cerca el proceso de la Revolución Bolivariana que se venía gestando y que le atraía, trabaja en la Dirección de Salud del Norte de Santander, hasta que decide pasar la frontera e incorporarse al movimiento chavista, obteniendo la nacionalidad venezolana y desarrollar su trabajo en la Universidad Bolivariana de Venezuela que hemos reseñado.

El Profesor Gustavo Ernesto Jaime era un hombre conversador, modesto y básico en el vestir, con un humor lucido, de caminar lento y aplomado,  corpulento y fornido, de espíritu alegre, muy  lleno de soledad y sabiduría.

Era un caminador empedernido de Maracay, era posible verlo en cualquier cuadrante de la ciudad, con sus grandes y arrugadas botas de piel y con la vestimenta de turista, con pantalones cortos y sus sempiternas franelas;  los domingos frecuentaba el Mercado Libre,  escudriñaba los mesones de libros viejos, que  habitualmente no compraba o  recorría la Avenida Aragua de punta a punta o caminaba sin rumbo fijo para algún Centro Comercial.

En oportunidades lo invite a mis clases de Deontología Médica en la Escuela de Medicina “Witremundo Torrealba”, disertaba sobre la filosofía para caer en la conceptualización de la ética y la moral, se paseaba por los clásicos, Sócrates, Platón Aristóteles, los modernos Descartes, Kant, Nietzsche, reclamaba el por qué a los médicos se les escondía la  filosofía, y se contestaba ̶ para no cuestionar la ciencia médica preñada de mentiras ̶ y citaba a Foucault; repetía, ser hedonista, convicto y confeso, dilecto alumno de Epicuro ̶ Vine a este mundo a ser feliz y disfrutar de este bello espectáculo del día tras la noche ̶ lo decía con suprema convicción. Lo escuchaba atentamente al final del salón de clase, sumergido en un mar de dudas.

El cine, el buen cine, era otro de sus hobbies, seguía ritualmente los ciclos de cine que presentaba la Cinemateca de Las Delicias, era tan conocido en este ambiente, que hacía pasar la película de su interés, dado el muy escueto el número de  personas que asistíamos,  nos poníamos de acuerdo para cambiar lo programado, muchas veces por la argumentación que él hacía de  la importancia o trascendencia de determinado film.

En la Maestranza “Cesar Girón”, repetidamente fuimos a las corridas de feria, describía con precisión el trapío del toro; al salir el astado dibujaba su estampa y su fenotipo, es un cárdeno, o es un jabonero, o es un sardo; repetía más de una vez el peso del animal, como sentenciando la calidad del espectáculo; narraba la posición de la cornamenta, si estaba afeitado o no ; predecía su bravura al enfrentarse ante la pica y su cara se iluminaba de alegría al comentar en voz baja la casta que mostraba ante el capote,  detallaba la suerte de muletas, narrando cada estampa realizada por el torero con nombre y apellido; este ritual del Filosofo, coronado con un brindis, nos hablaba de un conocedor de muchas plazas, muchas faenas y muchos tiempos.

Seguía con asiduidad, los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Aragua, los viernes de conciertos formaban parte de su rutina, coleccionaba los programas y cuando llegaba ligeramente tarde y se agotaban, luego del concierto buscaba bajo las butacas alguno, que un desprevenido o desinteresado asistente dejaba regado en el suelo, siempre conseguía uno.

Era asiduo visitante de la Biblioteca “Agustín Codazzi”, donde leía cómodamente y sin apuros el periódico del día, pedía en  préstamo los libros de su interés, los cuales devoraba para entregarlos a tiempo. En los cinco años de su permanencia en Maracay casi todos los vivió en una residencia en el Barrio Bolívar.

El día del Carmen, el jueves 16 de julio de 2015, lo sorprendió la muerte cuando compartía el almuerzo con algunos de sus alumnos, en el comedor del Instituto de Altos Estudios “Dr. Arnoldo Gabaldon”, contaba con 63 años y ocho meses y no presentaba ninguna patología relevante;  estaba cursando el Doctorado en Salud Publica en el Escuela de Medicina “Witremundo Torrealba” de la Universidad de Carabobo.

Permaneció en capilla varios días, primero esperando a su compañera de vida, Fabiola  Sánchez Ávila, quien reside en San Rafael del Piñal, estado Táchira y luego por los trámites de su cremación, que al final fue realizada en la ciudad de San Carlos, estado Cojedes.

Que descanse en paz este roble que vino a estas tierras con sus conocimientos y sus dotes de hombre culto, humano,  revolucionario, gran amigo y  hermano, que con su claridad y resplandor nos hizo sentir que existe una oscuridad que hay que vencer.

 

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